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MISCELÁNEA PARA BRUJAS DE AYER Y HOY
Fecha: 1 de February de 2007 / Autor: Luis L. Rueda

El prototipo de la bruja española que ha llegado a nuestros días es el de la anciana fea y solitaria que nos muestran los grabados de Goya, algo muy alejado del prototipo JASP de las chicas de la serie "Embrujadas". Han trascendido como leyenda popular de una manera genérica y desdibujada. Feministas convencidas, sanadoras, hacedoras de filtros amorosos, drogadictas, ¿endemoniadas quizás? Intentemos sacar el agua clara y comprobar si la Bruja Piruja es tan mala como dicen.

En Europa murieron en la hoguera unas 500.000 brujas, en España las aproximaciones nos hablan de unas cifras ridículas si nos ceñimos exclusivamente a los pleitos inquisitoriales. La mayoría de los casos en la Península se resolvían por la vía judicial y no existe una cifra contrastada de el número total de víctimas por brujería, según estimaciones rondarían algo más de las 3.000, dato que nos hace pensar en una cierta permisibilidad respecto a nuestros vecinos alemanes, italianos o británicos. Reitero, no sabemos cuantos de estos casos fueron directamente juzgados por la Santa Inquisición.

Pese a la idea deformada que nos ha llegado, Antonio de Torquemada defendió en su día que los encuentros demoníacos o aquelarres brujeriles se daban porque las brujas se untaban con ungüentos que les hacían perder el sentido, pareciéndoles que se convertían en aves o animales. Torquemada (nada que ver con la locaza interpretada por Mel Brooks en "La loca historia del mundo") apunta en su obra "El jardín de las flores curiosas" la diferencia entre hechicera y adoradora del diablo. A esta última imputa cierta ignorancia y a la primera costumbres precristianas preservadas por lo aislado del entorno geográfico.

En 1487 el libro de H. Institor y J. Sprenger "El Martillo de las Brujas" se convirtió en uno de los principales argumentos para poner en marcha una cruenta persecución de brujas por parte de la Inquisición. La fiebre europea por dar caza a la bruja, mas allá de la influencia de este manual de "cazadores de brujas", tuvo más que ver con la idea de erradicar las corrientes heréticas que hacían peligrar la hegemonía de la curia de Roma. El objetivo último era crear un clima beligerante contra los poderosos cátaros y valdenses, serias alternativas a la Iglesia Cristiana, que habían alcanzado importantes cotas de poder.

Realmente algunas de estas mujeres ajusticiadas, concretamente las pocas que habían tenido contactos demoníacos, no buscaban más que ciertas experiencias lisérgicas y/o sexuales, pero la leyenda, las historias de cordel y la férrea tradición cristiana las han arrinconado en nuestra memoria colectiva como meras asustaniños, Guajonas o sucias Marigargajos. La joven o solterona independiente, toda una amenaza para la institución familiar y para la curia, sería catalogada popularmente como Bruja-vampiro y en definitiva pasaría a ser el estereotipo de una anciana ociosa y bizqueante. Hoy día su estampa decadente se pasea por las ferias de los pueblos pequeños dando escobazos a los niños que suben al popular Tren de la Bruja o en una versión más contemporánea, por esos espacios televisivos que convierten el arte de la adivinación en un cromakey lisérgico y una centralita telefónica que hecha humo.

En nuestra particular travesía por el universo brujeril hispano, si se me permite, pasaremos de puntillas sobre un colectivo como el de las Serranas, suerte de mujeres asilvestradas que vivían en cuevas. Dada su condición de bandoleras, pueden calificarse como un subgénero dentro del amplio campo de las hechiceras. Sirva como ejemplo de éstas, la gallega Pepa La Loba, cuyo lema era "hombre muerto no habla" o la Serrana de la Vera, a la que Lope de Vega le compuso una comedia.

Veamos algunas de las arcaicas tipologías, populares, de estas damas del mal a lo largo y ancho del territorio español.

La bruja blanca, en origen, eran tan de fiar como el mismísimo Gandalf el Gris, un ejemplo lo tenemos en Urganda La Desconocida, bruja que habitaba en el castillo de Fraga (Huesca) y, entre sus muros, protegía a los caballeros de Amadís de Gaula. Podía transformarse a su antojo y se dice que ayudó a huir de prisión al Príncipe de Viana dándole un brebaje que le proporcionó fuerzas sobrenaturales. El efecto de la vitamina debió perdurar durante siglos, tal y como atestigua el buen aspecto que muestra su momia en las catacumbas del monasterio de Poblet (Tarragona).

Otra bruja benéfica fue la Viejuca de Vispieres (Cantabria) que recorría los campos apoyada en un cayado de oro, con chalapines de piel de comadreja y capa roja o las aras en Aragón, también seres bondadosos de gran calado popular.

La versión trash de la bruja antigua es sin duda la ogresa y uno de sus máximos exponentes es la Orcavella gallega. Según el testimonio de un pastor se trataba de una mujer bárbara, anciana y de aspecto horrendo que llegó a Galicia en tiempos de guerra de cristianos y paganos. Se dice que era capaz de matar con la mirada, era antropófaga, le gustaba comer niños y vivió 176 años. Su apetito fue tan voraz que casi llegó a despoblar Galicia. Llegó un momento en que se cansó de vivir, hechizó a un vaquero para que le cavase una fosa y éste fue, arrastrado por ella, directo al agujero para saciar la lascivia de la vieja durante y tras el óbito. La tumba se encuentra en los alrededores del monte Facho.

Hace sólo sesenta años, el día de difuntos de Barbadilla (Burgos), se colocaba una figura hecha con restos de osario en la puerta de la iglesia, con los que se reconstruía un esencial esqueleto ataviado con capa pluvial y busto cadavérico para representar a la ogresa Cacharrona, a la que en Quintanilla de Urilla denominaban el coco. También en Cataluña abundaban estos seres, como la María Bruta de Sant Andreu de Llavaneras, bruja antropófaga que mataba docenas de niños para mantener un peculiar negocio al que acudían acólitos y embrujados para probar su excelente carne en salsa. El hostal maldito era conocido como Hostal de la María Bruta y se hallaba al fondo de una caverna.

Otras ogresas de renombre fueron la Marrona o la Zamparrampa de la que las madres decían a pie de cuna a sus retoños: "¡Miá que te va a comer la Zamparrampa!"

La ojáncona es un híbrido entre ogresa y vampiro, la versión femenina del ojáncano tiene dos ojos y dos largas tetas que le dificultan la carrera. Se sirve de dos enormes colmillos retorcidos para despedazar a sus presas, preferentemente niños a los que desangra para luego zampárselos. Es estéril, pero amamanta de sangre a los gusanos del ojáncano cuando éste, muerto, se descompone. Hermoso gesto de amor necrófilo.

No más agradable es otra bruja-vampiro como la guajona, vieja ataviada de luto, que tiene un larguísimo diente que le llega hasta la barbilla. Es una chupadora de sangre que gusta de pequeños inocentes. Duerme durante el día y ataca por la noche. Evidentemente estos seres estaban estrechamente relacionados con aquellos niños que padecían anemias; tal era el caso de la guaxa astur, cuyas víctimas eran tratadas con un remedio casero a base de agua, asta de ciervo y plata diluida.

En Galicia, la superchería también buscó una explicación a los niños enfermos de raquitismo y así se creó la figura de la meiga Xuxona. Para contrarrestar sus poderes tres mozas de nombre María debían mantener el siguiente diálogo en un camposanto: "Toma María, ti que me das María. O enganido. O enganido nono quería". Si la estúpida fórmula no funcionaba hacían pasar el cuerpo del niño por debajo de una mesa. Como vemos la imaginación no tenía límites.

Con estos ejemplos se hace evidente la degradación moral y la deformación arquetípica a la que fueron sometidas las brujas hispánicas, una casta que vivió sus mejores días antes de la reconquista y que en tiempos de la Inquisición bajó hasta el último peldaño del escalafón social. La mayoría de las brujas, hábiles alquimistas, mujeres libertinas, bellas asilvestradas o moras astrólogas acabarían siendo arrinconadas y marginadas por una sociedad incapaz de compartir su universo contracultural (de sexo, drogas y estados alterados de conciencia). Por suerte en la península no correrían igual suerte que, por ejemplo, en la Gran Bretaña, donde además del azote de la Inquisición sufrirían una rauda persecución civil. Hoy día, aún es posible topar con algunas brujas tradicionales, meigas y bruixas (o simples sanadoras) en la península, en lugares recónditos de la provincia de Lugo y en algunos entornos rurales cerca del macizo del Pedraforca (antaño nido de aquelarres de la comarca barcelonesa). Así que si veis algún día una anciana hábil con los pucheros y rodeada de gatos desconfiad, aunque perjure que es vuestra santa abuela.

CARAJICOMEDIA Y CELESTINAS

"La Carajicomedia" es un texto anónimo del siglo XVI, sátira basada en ciertos esquemas de "La Celestina" de Fernando de Rojas y "Laberinto de Fortuna" de Juan de Mena que trata la alcahuetería, la prostitución y lo brujeril con un acertado enfoque social. El texto narra la odisea de Diego Fajardo, caballero impotente que busca ayuda en una vieja bruja llamada ‘la Zamorana'. La obra pone de relieve que muchas brujas eran prostitutas que ya no ejercían por edad y buscaban una manera alternativa de ganarse la vida. El prego de Fajardo a la bruja es pura poesía erótica: "Pon mi potencia en cuerno de luna, las venas de mi miembro extiendan, engorden".

Estas alcahuetas hacían arreglos tales como aceites o costuras de virgos, amén de buenaventura y males de ojo. Por otro lado, en la obra de teatro "Comedia Tidea", del dramaturgo Juan de Natas, la bruja es un personaje que se representa como una mujer barbuda creando así otra derivación que mucho tiene que ver con el universo freak de las ferias ambulantes y los circos.

El rol marginal de la bruja, vista la documentación judicial, los legajos universitarios y las obras teológicas muestra una clara involución social que toma mayor calado en coincidencia con la eclosión de la inquisición y la picaresca de la Edad de Oro de la literatura española. La primitiva idea celtíbera del hada blanca que embaucaba a los hombres para arrastrarlos a sus castillos de cristal bajo los castros pronto daría paso a las serranillas asilvestradas que asaltaban a mozos para beneficiárselos y robarles. Un postrer retrato sería el de la hechicera celestinesca, arpía y clandestina, acaso el más extendido y popular a este lado del sur de Europa.

MANUAL BÁSICO BRUJERIL

El aquelarre

Según Johannes Nider, autor del Formicarius, el aquelarre está presidido por un diablo. En él las brujas abjuran de la eucaristía y pisan la cruz. Matan a niños y los entierran, en sabbath los sacan de sus tumbas y los ofrecen como vianda. El tratado demonológico precisa que las brujas causan esterilidad y frustran el matrimonio. Pese a que Nider no cita explícitamente las orgías, otras obras documentan que los presentes fornicaban entre sí y, al finalizar, levantaban la cola del demonio para besarle las posaderas.

El ungüento

Se cree que el agente alucinógeno activo de los ungüentos brujeriles era la atropina, potente alcaloide descubierto en plantas como la belladona, el beleño o la mandrágora. Otra de las plantas recurrentes es el estramonio, muy frecuente en el litoral mediterráneo, que las brujas aplicaban por vía cutánea o bien en las mucosas vaginales. Puede ser muy peligrosa por vía oral, en la provincia de Barcelona se han dado casos de jóvenes inconscientes con el sistema nervioso seriamente dañado tras su ingestión.

Conjuro para ser invisible

Embadurnar el cuerpo con un ungüento de grasa u ojo de lechuza, pelota de escarabajo y aceite de mirra verde. Pronunciar estas palabras mirando al sol: "Te conjuro por el gran hombre borke phoiour ïo zizia aparxeouch thithe lailam aaaaa, iiiii, oooo, ïeo, ïeo, ïeo, ïeo, ïeo, ïeo, ïeo, naunax, aiai, aeo, aeo, aeo", si os queda aliento añadid, "Hazme invisible, señor Helios, aeo oae eïe eao delante de todo hombre, hasta la puesta del sol ïo ïoo Phrix rizo eoa". En ocasiones funciona.

La adivinación mediante un cadáver

De la obra clásica Farsalia de Marco Anneo Lucano; Ericto arrastra un muerto a su caverna, lo disecciona, limpia y procede al rellenado con los siguientes ingredientes: espuma de perros hidrófobos, vísceras de lince y vértebra de hiena, una rémora marina y ojo de Dragón. Completan el vientre piedras etites, una serpiente voladora, una víbora del mar rojo, cenizas de ave fénix y la piel arrancada de la cerasta de Libia. Tras introducir los elementos se aplica un filtro de yerbas emponzoñado en Tesalia. Tras un largo conjuro el muerto resucita e interpela con Ericto.

Piedra afrodisíaca

El tarmicón es una piedra de origen caldeo que significa "codicia de mujer". "Si el hombre la mete en la boca se le endereza el miembro varonil y yacerá con la mujer cuantas veces quisiera, que no se le bajará, ni enflaquecerá, ni le hará mal. Y si la muelen con alguna cosa húmeda y untan con ella aquel miembro, hace su obra con más fuerza". Palabra de la bruja Viagra.

Chapitas

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